El método Milton

10 11 2008

Cariño, son las nueve de la noche ¿no crees que llevas demasiado tiempo delante de la tele? ¿Por qué no recoges los libros y la ropa que has dejado tirada por toda la casa?

-Deja al niño, Jaime, podrías crearle complejo de culpabilidad. Además, hoy está más triste de lo habitual porque los profesores le han reñido en el colegio; él sólo es un buen chico al que se empeñan en frustrar.

   Déle al niño todo lo que pida, crecerá convencido de que el mundo entero le pertenece; no se preocupe por su educación ética o espiritual, al alcanzar la mayoría de edad ya decidirá libremente, riña con su cónyuge en su presencia, de esta manera, el niño bien inmunizado, no tendrá reparos en romper con una familia que le empujó, sin ningún pudor, al ostracismo sentimental. Estas afirmaciones pertenecen al decálogo del “delincuente en potencia”, redactado por el ilustre Magistrado D. Emilio Catalayud, Juez de Menores de Granada que, asombrado con el aumento de la violencia en las aulas, se lo ha dedicado al verdadero culpable: la apatía familiar.

   Bienvenido, querido lector, a la generación del “Método Milton”, donde se esteriliza inmediatamente, al igual que lo hace este producto con los biberones, cualquier ápice de bacteria antes de que pueda dañar el sistema inmunológico de los retoños españoles que ya tienen la mente infecta.

   La falta de atención de los padres en materia de educación es el germen que hace posible que el acoso escolar se encuentre al orden del día. El último estudio realizado por la Comunidad de Madrid afirma que los adolescentes toman distintas posturas cuando presencian una agresión. Un 6% participa en ella, un 46,6% no hace nada “por la falta de poder” y otro 47,5% ataja la situación.

   El caso más reciente de violencia en A Coruña deja un balance escalofriante. Es el de la chica de catorce años del IES Rafael Dieste, que después de llegar al hospital con los oídos supurando sangre y con marcas de patadas en la espalda despertó la preocupación de los más pragmáticos. Algunos de ellos, como el jefe de estudios y la directora del colegio, después de algunas semanas de malos tratos, definitivamente optaron por la expulsión de la culpable del centro. ¿Casos como éste se podrán repetir? Quizá habría que mirar más de puertas para adentro para ponerle fin a este tipo de situaciones de violencia que ya se están volviendo crónicas…

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