Cómo Klaus moldeó el paisaje gallego

12 02 2009

El pequeño Barracud, uno de los botes que adorna el puerto lugués de O Celeiro, nunca en sus dieciséis años de vida había atracado en pleno asfalto. A la casa de Fernando Gómez, vecino de Cecebre, jamás se le había asomado un roble de más de 90 años a través de la ventana del dormitorio. Tampoco los ourensanos, ninguna otra vez como la del pasado sábado, habían agradecido tanto la milagrosa medida de la Consellería de Educación de prohibir las actividades deportivas cuando comprobaron estupefactos como los 1.500 metros de cubierta metálica del pabellón municipal Os Remedios se desplomaban ante sus ojos.

Galicia ha vivido el temporal más duro de su historia, con ráfagas de vientos que azotaron la comunidad a una velocidad de más de 150 kilómetros por hora.

El suceso que más ha conmocionado en todo el país tuvo lugar en la provincia de Barcelona, donde cuatro niños de entre nueve y doce años han perdido la vida —y otros 16 permanecen heridos— tras el hundimiento del tejado y parte del muro de una instalación deportiva de Sant Boi de Llobregat.

En Cataluña, la siguiente comunidad junto con Galicia a la que más le afectó el vendaval, dos hombres y una mujer murieron aplastados por los árboles que Klaus arrastró tras sí. El balance de fallecidos se cierra con una mujer que murió aplastada por una puerta y un alicantino que falleció al caerle encima un muro derribado por el viento.

Klaus era un vendaval extravagante. Algunos meteorólogos afirman que fue peor que el huracán Hortensia y, al igual que este tipo de fenómenos naturales, fueron totalmente imprevisibles a la hora de su llegada y en la repercusión de sus efectos sobre el territorio. Se produjo por el choque de una masa de aire caliente con otra fría en el Océano Atlántico o, como los meteorólogos lo tildaron, Klaus es sinónimo de ciclogénesis explosiva.

El conselleiro de Innovación e Industria, Fernando Blanco, dudó de que la cantidad de postes repartidos por toda Galicia —una tierra que ya presenta una compleja y dispersa orografía— sea motivo más que suficiente para dejar a cientos de familias sin luz, como se hizo en esos días. Por ello, abrirá una investigación a fin de delimitar si efectivamente la reacción de las compañías fue lo suficientemente ágil. O, como muchos vecinos piensan, fue una excusa para evadir las culpas de una mala gestión.

Pero no solo Unión Fenosa se equivocó. Klaus ha sabido medir la paciencia de cada uno. Desde los marineros que se quedaron sin faenar, pasando los ciudadanos que tuvieron que aprender a cocinar a oscuras y llegando hasta la capacidad de reacción de los políticos. Definitivamente, Klaus ha moldeado el paisaje gallego. Tanto, que hasta su última consecuencia se medirá dentro de muy poco en las urnas.

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