Los partidos gallegos, “a por todas”

1 03 2009

«Vamos a por to­das». Con este lema, pronuncia­do por el presidente de la Xunta de Galicia, Emilio Pérez Touri­ño, arrancó la campaña electo­ral en la que los tres principales partidos gallegos PSOE, PP y los nacionalistas del BNG aprove­charon hasta el último momen­to para arañar los votos de los más indecisos. Que se conta­ron por miles. A Pérez Touriño, dos factores claves le están pa­sando factura en estas eleccio­nes. El primero es la ineficacia de un bipartito que jamás saca nada en claro por sí mismo y, el segundo, una crisis económica que está empezando a calar en los ánimos socialistas.

Fue con una pancarta de Nun­ca Máis en la mano. Así llegó Pérez Touriño a la presidencia de la Xunta de Galicia en el año 2005. «El apoyo que necesitaba me lo daba la viveza y el dina­mismo de la sociedad», recor­daba el presidente emocionado en su despacho al comienzo de la campaña electoral. Su objeti­vo estaba muy claro: ampliar la fuerza del PSG a los 25 escaños —frente a los actuales 37 del PP— y distanciarse lo máximo posible de su socio de gobierno.

Los primeros días de campa­ña fueron muy diplomáticos. La mayor preocupación del presi­dente de la Xunta era, según jus­tificaba a cada momento, que la campaña no cayera en tópicos: «Resulta pésimo para la demo­cracia, para la autonomía, y, pa­ra España, que las elecciones se vean condicionadas por otros ámbitos de decisión».

No parece estas palabras ca­lasen en el BNG cuando Anxo Quintana aparecía por sorpre­sa en una comida de 700 jubila­dos que, cuando salieron de ca­sa, pensaban que iban a «com­prar toallas» a la frontera.

Por parte del partido mayorita­rio, Touriño arrancó la campaña en diciembre con la que fue ta­chada como su «medida estre­lla»: un programa para relanzar el empleo y la actividad econó­mica dotado con 430 millones de euros. «Galicia está mejor pre­parada que otras comunidades para afrontar la crisis». Y él pro­metió construir «diques para de­tenerla» con 20.000 puestos de trabajo como base.

No obstante, un error de cálcu­lo le hizo equivocarse con los ce­ros, ya que el número de para­dos superó, a finales de ese mis­mo mes, la barrera psicológica de los 200.000.

En esos emocionantes días, el líder del PSOE hizo un llama­miento a la unidad para afron­tar las dificultades económicas mencionando expresamente al número uno del PP, Alberto Nú­ñez Feijoo, a quien invitó a en­contrarse con él, «unir las fuer­zas y trabajar juntos» en el im­pulso de «las ideas».

Para Pérez Touriño, la legisla­tura actual está «llena de vitali­dad», al haber «roto el dominio que habían ejercido los años con Fraga al frente». Durante estos frenéticos tres meses, el presi­dente de la Xunta ha evitado res­ponder a la pregunta de si ha­brá un segundo mandato con el BNG. También ha pedido a los gallegos más «fuerza» para votar al grupo socialista.

Por su parte, el PP se ha man­tenido muy crítico con las pro­puestas de Touriño, calificándo­las de «clientelismo electoral». Núñez Feijoo reprochó a Pérez Touriño que el plan de la Xunta «consista en contratar a 20.000 trabajadores para limpiar cune­tas» y le acusó de combatir la crisis jugando con las necesida­des de los gallegos. El líder po­pular acusó también al presiden­te de la Xunta de ser «culpable de un triple engaño» que sinte­tiza, a su juicio, la estrategia del Gobierno: «Negar la crisis hasta después de las elecciones gene­rales, alegar un supuesto ‘plus de resistencia’ y luchar contra los resultados electorales».

Lo que no parecen haber olvi­dado los populares es que falta a penas un año para la gran prueba de Mariano Rajoy. Y Galicia puede ser un reflejo de lo que le ocurra en España en los próxi­mos meses. Por ahora, ni las en­cuestas ni los casos de corrup­ción, que parecen multiplicarse en los últimos días, juegan a fa­vor del pontevedrés. Aunque ha­brá que esperar hasta el domin­go para ver el resultado.

Y es que no es precisamen­te que prediquen con el ejem­plo unos líderes que, mientras critican los «vicios de los po­derosos», se dejan fotografiar en yates con curiosas compa­ñías o, por el contrario, son ellos mismos los que compran los mejores transportes blinda­dos. Mientras, otros tienen que lamentarse, un día antes del cie­rre de campaña, de las injurias lanzadas a otro candidato des­de el atril de uno de los miem­bros más destacados de su par­tido en Galicia.

«Vamos a por todas», decía el presidente de Galicia. Y los tres lo hicieron. Hasta el último se­gundo. Lástima que en ese esprín, que podría haberse aprovechado para dar solucio­nes ante la crisis que está azo­tando el mundo, solo se hayan escuchado exculpaciones por el lado de los populares y propues­tas arbitrarias por el lado socia­lista. Aún encima, el domingo dieron lluvias. Al fin y al cabo, a eso los gallegos ya estamos de­masiado acostumbrados.

 

 

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