¿Se acabarán los programas del corazón?

29 03 2009

En mayo del 2002, el entonces presidente del Gobierno, José María Aznar, declaró durante una entrevista con Luis del Olmo: “En televisión se ven a diario espectáculos de gente que no se sabe quién es, de dónde ha salido, contando miserias, insultándose de manera descarnada o aireando todo tipo de intimidades.”

            A lo que el periodista contestó: “Yo soy partidario de la libre competencia entre los medios de comunicación, pero todo tiene un límite.”

                Por lo que hay que preguntarse… ¿dónde está ese límite, corazón?

          

                                                                                                  

El programa El diario de Patricia, que desde hace varios meses ya no se emite por la pérdida de audiencia,  había nacido,  como muchos otros de ese tipo, de los talk shows hispanoamericanos. En Latinoamérica ya se realizaban, desde hacía algunos años, programas de “máximo beneficio al mínimo coste”. La teoría que mejor explica la esencia de los pocos programas del corazón que están en pie (bastante menos que hace unos años, como Dolce Vita o ¿Dónde estás, corazón?) es la enunciada por el experto en comunicación Ritzer y lleva por título: la Macdonalización de la sociedad, entendida como un proceso de razonalización que extiende los principios empresariales de Mac Donald´s a todas las actividades humanas, naciendo así la MacTele. Estos programas son un buen ejemplo, ya que no solo necesitan muchos ingresos para su realización, ni mucho menos, tan solo precisan un público, que suele venir por curiosidad, y unos invitados, que acuden de manera gratuita (si no son colaboradores habituales).

       Su único objetivo es acaparar audiencia y realizarse de la manera más económica posible, los medios (las personas que se menosprecian en plató) o los televidentes (a los que prefieren llamar audiencia objetiva), son maltratados continuamente. Los participantes que asisten al programa cuentan en él su experiencia personal y no cobran absolutamente nada por parte de la productora. Lo único que estos shows les aportan es una necesidad de mérito y satisfacción, resultando ser una panacea para personas con falta de estima, miedos e inseguridades. Y esto último es lo más aberrante. Este peligro de carencia de estima se ve plasmado en los adolescentes, que realzan valores materialistas ligados a la apariencia y al éxito social frente a los verdaderos valores, tales como la amistad, la solidaridad o el respeto hacia los demás y hacia sí mismos. De hecho, las últimas encuestas de la juventud, apuntan a que los jóvenes son personas que “viven el día a día y que, en su mayoría, no tienen principios”. Preocupante.

            En esta parte de la cuestión, el esquema se ve muy claro. El fin, ganar audiencia, es antepuesto frente a los medios, personas que no son tratadas como tales, sino más bien, y echando mano del teórico Fernado Tucho, “son grotescamente deshumanizadas; síntoma de un canibalismo televisivo viciado, descarnado y despreciativo.”

        Los invitados a estos programas son, muchas veces, ridiculizados por nuestra querida presentadora, a la que se le termina la empatía cuando “da paso a publicidad”.

       Es de esperar que sí que quede un consuelo: también el abuso de esta tele basura ha acabado dándole a Tele 5 uno de los índices más bajos de audiencia, por lo que ha acabado por ponerle fin a programas que, de corazón, solo llevan el nombre. 

                                                                                         

Y respondiéndole al ex presidente le diría que sí que hay un límite: las leyes. (Artículo 20 de la Constitución Española, Ley de la Radio y la Televisión de Titularidad Estatal, Ley de Protección al Honor, la Intimidad Familiar y Personal y a la Propia Imagen, Ley de la Televisión sin Fronteras y Código de autorregulación sobre Contenidos Televisivos e Infancia). Pero mientras que éstas no salgan de su ambigüedad, la solución más evidente será que, con la creación de una televisión digital que ya está en marcha y que sea capaz de hacer que exista más competitividad, este tipo de programas terminen por desaparecer. Mientras tanto, estos shows son el fiel reflejo de un país con una cultura televisiva muy pobre y también tienen una clara repercusión en la calidad de nuestro sistema democrático. Y de educación. Esperemos que de aquí a unos años este tipo de forma de “hacer televisión”, basada en el insulto y destinada a una audiencia vapuleada, desaparezca pronto; dando paso a programación de calidad. O lo que es más importante: de respeto.

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4 responses

31 03 2009
Javier Antelo

Este es un problema de educación. Vivimos en un sistema que, dejando de lado sus buenos logros, nos enseña que el objetivo vital es ganar el máximo dinero posible y, a poder ser, en poco tiempo. Siendo, por lo tanto, totalmente coherente la forma de actuar de las grandes empresas de comunicación que crean, como citas, programas de “máximo beneficio al mínimo coste”.
Si tuviésemos una cultura más “social” los trabajadores de los medios se darían cuenta de la gran responsabilidad que recae sobre ellos a la hora de transmitir valores a su audiencia.
Resumiendo y generalizando muchísimo: el sistema, tal y como está actualmente en la mayor parte del mundo occidental, influye en nuestra educación de forma que no vemos la responsabilidad social que tenemos todos los ciudadanos en nuestros respectivos trabajos.
Es mi opinión.

Un saludo.

2 04 2009
Irene Tomé

“Máximo beneficio al mínimo coste”. Ante todo, parece que esa es la clave. Supongo que con el apagón analógico habrá más competencia y una mejora de la programación. Bueno, eso debería ser así. También debería de haber un mayor control de la programación, eso es cierto. Gracias por entrar y participar!

1 04 2009
Blanca

Pues no sé si se acabarán o no… pero espero que las audiencias de estas mierdas bajen cuando sea el apagón analógico. Con los canales de la TDT espero que haya suficientes cosas para ver como para que nadie ponga Dolce Vita “porque no hay nada más” (cosa que la verdad es que algo de razón tienen, porque programas que pongas y te dé igual apagar a la media hora porque no tienen “hilo” que seguir, hay ésos nada más…).

Por otra parte, siento ser yo quien te comunique que El diario de Patricia no se emite, pero no por falta de audiencia, sino porque ahora se llama “El diario” y ya no lo presenta Patricia, lo presenta otra tía… a pesar de eso, el otro día vi en un bar que lo tenían puesto cómo una de las señoras “invitada” del programa le decía a la presentadora nueva “No quiero saber más, Patricia”. Fue graciosísimo… la presentadora (que no se llama así ni parecido, supongo) se quedó de piedra 😛

Vaya fauna televisiva! Qué bien estamos en la prensa escrita…

2 04 2009
Irene Tomé

Disculpas aceptadas por el fin de Patricia…. Sabía que no se emitía, pero lo del “lavado de cara” lo desconocía completamente… Pero lo que me fastidia es que la televisión tiene unas posibilidades tremendas que hay que saber aprovechar, sino… su futuro será terrible. El problema es que la gente lo asocia con el telediario o películas. Con la buena programación nunca, y es lógico. Esperemos que aparezcan con el tiempo. Un besito!
Ah, yo también me quedo con la prensa escrita! (Hasta que mejore la anterior).

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