Política y gramática (I Parte)

20 04 2009

El politólogo Terence Qualter  dijo una vez, en una de sus más curiosas obras  sobre la democracia y el capitalismo Publicidad y democracia en la sociedad de masas que: 

T. Qualter (T. Qualter, fallecido el pasado 2008)

            La dificultad irresoluble es que los que tienen el mayor poder para aumentar la calidad de la política democrática liberal, o para moderar el materialismo individual excesivo de su cultura, tienen los mayores intereses creados en preservar las cosas tal y como están. Al mismo tiempo, los más adversamente afectados por las cosas existentes son los menos conscientes de la medida en que son engañados, manipulados y defraudados.

            La siguiente frase decepciona de manera sobrehumana. Qué certera y a la vez pesimista resulta. No obstante, ¿por qué el ciudadano no puede hacer nada para mejorar el panorama político actual?

            Para intentar responder a esta cuestión, se debe simplificar la pregunta: ¿qué puedo hacer yo, como individuo, para mejorar la situación política?

           La primera idea que viene a la cabeza es hacerlo por medio del voto. No obstante, un voto cada cuatro años resulta poco factible. Otra cosa que se puede pensar es la asociación a un partido político. Pero esto último conllevaría a la aceptación de todo lo que este partido determinara y el beneplácito completo a la hora de ir a las urnas. Afortunadamente, nuestro papel como ciudadanos no termina ahí.

En relación a esto último, Benjamin R. Barber (uno de los genios políticos de nuestro tiempo) en Strong Democracy dictó:

            La democracia no necesita de grandes líderes, sino de ciudadanos competentes y responsables. Sólo las dictaduras necesitan grandes líderes. A las democracias les basta con grandes ciudadanos.

Nosotros, los ciudadanos, tenemos la obligación de estar informados, de ser reivindicativos, de poner un límite a todas las acciones políticas con las que no estamos acordes. Debemos valorar la acción de una oposición gubernamental crítica y de una oposición que pare los pies a la acción del gobierno siempre y cuando sea necesario. Sin embargo, para lograr que esto último sea posible y ayude a cambiar y a mejorar el actual sistema es necesario optar por una información de calidad. Y aquí entra en juego la comunicación. Para ayudar al ciudadano, el comunicador debe inclinarse por una información de veraz, que sea útil para interactuar en sociedad. Una información relevante y reivindicativa, que ayude a la formación del ciudadano y que sirva para satisfacer el bien social. Porque esa es la esencia de la comunicación, y no debe perderse jamás.

            Tenemos aquí dos puntos de vista bien diferenciados. Si se me permite hacer la distinción que realizó Umberto Eco en su libro Apocalípticos e Integrados, aparece por un lado la corriente Apocalíptica, encabezada por el catastrofista, sorprendente y crítico Qualter. Éste señala que el ciudadano siempre estará manipulado y que su papel político en la sociedad actual ha desaparecido. Por otro lado, tenemos a Barber como Integrado. Éste dice que para la mejora del sistema actual basta con ser “grandes y competentes ciudadanos”.

            Como diría Eco, situémonos en un punto crítico. Nos encontramos en pleno siglo XXI, y el mundo ya ha ido conquistando sus pequeñas metas en terreno político y social, aunque todavía queden innúmeras. Si bien lo que ha dicho Barber es muy importante, no lo es todo. Políticos y ciudadanos deben poner un poco de su parte para mejorar el sistema actual. Son muchas las teorías que se pueden encontrar para hacer esto factible, pero se debe confiar en una que apunte a la correcta evolución democrática: la buena información.

            La unión entre la gramática y la política es más profunda de lo que en un momento se puede pensar, y esto es lo que iré explicando con las reflexiones que aparecerán de ahora en adelante en este blog.

Cuando conocemos el significado de una palabra en profundidad, podemos pensar sobre ella en su totalidad. Podemos discutir, podemos ampliar o acortar su significado, podemos considerar esa palabra en su sentido amplio. Las personas que no conocen la palabra “libertad”, no se la plantearán jamás y no cavilarán sobre ella. Y mucho menos se podrá luchar por conseguirla. Hoy en día esto ocurre. Y no en una tribu africana, o en pueblos sometidos. Ocurre en el primer mundo. Ya nadie conoce el verdadero significado de las grandes palabras, lo que hace que sean usadas para conseguir algo a cambio y de mala fe, perdiendo así toda esencia.

            Los medios de comunicación tienen, aunque deteste afirmarlo, una gran culpa de lo que ocurre. Los mass media deben favorecer al conjunto, no a una elite dominante en la política o en la economía. Para ello, los medios disponen de la obligación de llamar a las cosas por su nombre. Y aquí entra en el juego la gramática. Para el buen periodista es necesario conocer su herramienta primordial: la palabra.

            Son muchos los políticos que en sus discursos utilizan grandes palabras para decir, más bien para no decir, absolutamente nada. Es muy fácil terminar un mitin o una intervención con palabras como libertad, tolerancia, respeto, justicia social o solidaridad. Es algo recurrente y que dota al discurso político, en un primer momento,  de cierto nivel. Y como no, de una ética intachable.

            El comunicador convencional, el hombre o mujer que va a una rueda de prensa o acto que tiene que cubrir y transcribe estas grandes palabras, en su gran mayoría totalmente descontextualizadas, no ha aportado absolutamente nada al ciudadano. Y no ha hecho nada por crear una sociedad crítica y racional. Tampoco ha hecho nada malo. Ha cumplido con su trabajo. Pero, si profundizamos más, somos conscientes de que ese periodista ha provocado en el receptor un verdadero estado de pasividad e indiferencia en materia política.

            Ahora ya podemos afirmar que si los políticos o algunos medios de comunicación no hacen nada por cambiar su forma de informar, no van a ayudar en absoluto a la formación de un ciudadano libre.

            Para que esto sea posible, es necesaria la palabra mordaz. Una palabra que apunte al centro de la diana y que exija a los propios políticos mejores expresiones. Que exija una información de calidad. Algo que los periodistas también deben aprender. Como decía antes, el conocer más palabras hace crear más ideas; el usarlas bien, correctamente y con el cariño y respeto que se merecen en el ámbito político, hace que se creen mejores ciudadanos. Ciudadanos con la capacidad de juzgar y actuar consecuentemente. Y con ellos, una verdadera sociedad crítica. Por qué no nos aventuramos a afirmar que el futuro de la comunicación política, del político y de la confianza del ciudadano en el sistema reside, entre otros matices, en usar propiamente las palabras. Si esto no ocurre, la indiferencia y pasividad, enemigos de la razón, acabarán derrocando a la buena política. Y a las grandes ideas.

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4 responses

25 04 2009
Miguel García

¿Qué podemos hacer?
Ser buenos ciudadanos. No pedir/aceptar/tolerar tratos de favor. En caso contrario caeremos en lo que estamos criticando.
Si creo que se puede pertenecer a una organización (partido, sindicato, empresa, familia) y no aceptar todo lo que dice/hace/propone.
Y para desenmascarar a los vacíos de contenido no hay como recurrir a los clásicos: por qué, cómo, dónde…

Miguel García
a.miguelgarciacorral@gmail.com
http://egoexcentricos.blogspot.com

8 05 2009
Irene Tomé

Cuándo y qué. Gracias Miguel!

5 05 2009
porantonomasia

“Mantener las cosas como están” o en todo caso variarlas en detrimento de los ciduadanos, no sé qué es peor.

7 05 2009
Irene

Sí, esa frase de Qualter es muy decepcionante… pero hay que pensar en la corriente más positiva. Gracias por participar!

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