Propaganda y metáfora (V Parte)

18 06 2009

La metáfora nos hace caer en su propia trampa, sobre todo, cuando se utiliza con el fin de manipular o estimular los sentimientos más instintivos del ser humano. No obstante, se debe diferenciar entre la metáfora ornamental y la eufemística. Mientras que una es usada de buena voluntad para deleitar al público o al lector, la otra sólo se utiliza con el fin de manipular. La metáfora a la que hago referencia en esta entrada es más que un elemento estilístico susceptible a ser eliminado a voluntad. Es algo planeado para lograr un fin específico.

En relación con esto último, dice textualmente J. M González (Metáforas del poder, Madrid, Alianza Editorial, 1998):

 Podríamos preguntarnos retóricamente qué quedaría de la historia del pensamiento político si suprimiéramos todas las metáforas que contiene, si elimináramos leviatanes, cuerpos políticos, máquinas, teatros, pactos con el diablo, panópticos, velos de ignorancia, mercados, naves del Estado, etc. Pero todavía podríamos dar un paso más si, además de suprimir estas “metáforas vivas”, intentáramos eliminar las “metáforas muertas”, es decir, aquellos conceptos que en su origen son metafóricos pero que ya están lexicalizados e incluidos en el lenguaje común y cuyo carácter metafórico se nos ha escapado.

La concepción de la política como magia fue llevada hasta las máximas consecuencias por Hitler. De este modo, la propaganda política del dictador solo fue superada por la propaganda ejercida sobre el pueblo norteamericano con el fin de entrar en la Guerra Mundial. En el fragmento se puede ver cómo A. Hitler llevaba hasta el máximo su convicción política y cómo hablaba con su séquito de hombres para convencerlos de la victoria final de Alemania. La exaltación, la manera de dirigirse y hablar a sus tropas, el uso de metáforas que envalentaban a las filas, la grandeza de la raza aria frente a otras razas, etc. desenvocaron en las desastrosas consecuencias que todavía están presentes a día de hoy.

Mein Kampf . A. Hitler:

 El mitin de masas es necesario aunque sólo sea porque en él, el individuo, que se está convirtiendo en partidario de un nuevo movimiento, se siente solitario y es fácil que se sienta preso del temor de encontrarse solo; contempla por primera vez el cuadro de una gran comunidad, algo que tiene un efecto reconfortante y alentador sobre la mayoría de las personas […] Si sale por primera vez de su pequeño taller o de la gran empresa, donde se siente muy pequeño, y entra en un mitin de masas y se encuentra rodeado de por miles y miles de personas que tienen los mismos ideales […] sucumbe a la influencia mágica de lo que llamamos sugestión de masa.

    Hitler intentaba incluir al individuo en un grupo social. En otras palabras: terminar con el miedo al aislamiento. Otra característica de las muchas que existen al intentar comprender por qué el dictador tuvo tantos adeptos.